EL AQUI Y EL AHORA
 

El sabor, la alegría y la felicidad de ayer o la de mañana no existen.

El recuerdo y la ilusión pueden dar un gozo parcial, dependiente, melancólico, que limita la espontánea intensidad del sentir aquí y ahora.

El dolor, la muerte, la perdida, la enfermedad, son realidades existenciales que, mirándolas en profundidad, te llevan a vivir intensamente el aquí y  ahora.

Lo único que puedes decir que tienes es el aquí y ahora.

Nada es seguro y digno de asentar ninguna base; ábrete a esta realidad del aquí y ahora con toda tu energía, gozo y conciencia, aún en la engañosa apariencia de lo más simple y monótono que estés viviendo.

Intenta abrirte con la máxima paz, observación, sensibilidad, como si fuera la primera y última vez en el aquí y ahora.

Aquí y ahora.

Liquidar el sentimiento de culpabilidad, la ira, y el complejo de inferioridad del pasado; liquidar la demanda prepotente, orgullosa y vanidosa del futuro.

Es necesario liquidar el pasado y el futuro para vivir el aquí y  ahora.

El aquí y ahora es vivir toda propuesta con la inteligencia, la intuición y el instinto sin miedo, dando paso a cada circunstancia, adaptándose y recrean­do simultáneamente.

Cuando me centro en mi descubro que soy un foco de conciencia, desde ahí solo puedo vivir el aquí y ahora.

Hacia adentro como realidad esencia, o hacia fuera como existencia.

El aquí y ahora es el suceso inmediato de la instantánea realidad de Ser. El aquí y ahora es el paso anterior a la atemporal realidad de Ser.

Toda posible experiencia la vivo en el aquí y ahora; la experiencia cambia y puede resultar agradable o desagradable.

Sin apartarme del aquí y ahora puedo profundizar en las experiencias descubriendo lo superficial, lo aparente y lo autentico de las mismas, descu­briendo que las experiencias no las soy, que lo más autentico es la plenitud de Ser aparte de las experiencias.

Atentamente en el aquí y  ahora quito toda la experiencia y lo que queda es lo que Soy.

Quitar toda experiencia es lo difícil para la mente que tiene la ten­dencia a mirar cosas y le es muy difícil mirar quien mira; mirar quien mira es conseguir que la mente descanse y se calme del todo, quedando irradiada del instante de realidad de Ser en el aquí y ahora.

Centrado en el aquí y ahora toda experiencia puede devenir plena; el proble­ma es que no nos centramos en el aquí y ahora.

Sólo reaccionamos a unas circunstancias desde el filtro de nues­tra personalidad y a eso le solemos llamar aquí y ahora.

El aquí parece como un sitio: el estar.

El ahora parece como una atención y posibilidad en el momento: instante Ser.

Ser y estar, estar y Ser ¿El estar está en el Ser o el Ser está en el estar?

Esa conciencia que se da cuenta en el aquí y ahora, el darse cuenta aparte de lo que te das cuenta, es lo que se mantiene siempre en el aquí  y ahora.

El aquí y ahora no tiene tiempo, es demasiado absorbente, es la atemporalidad.

Viviendo hasta la saciedad cada momento todo es curiosamente alucinante, es una ilusión amorosa, es la existencia vivida sin filtro, vivida desde la Realidad.

El acercamiento al aquí y ahora hace aumentar la curiosidad del quién se da cuenta, de la realidad que ve, que es, del yo mas allá del soy, de aquello que es cercano y lejano al mismo tiempo, aquello que es eso; eso tan difícil de definir de clasificar, de razonar, eso que trasciende a todo, que cualquier indicación sobre eso se escapa a la realidad que Es.

En la escala de valores el aquí y ahora es el valor por excelencia, todo lo demás sólo son suposiciones.

 

 Jordi Barqué