CELOS, ENVIDIA, DESEOS
 

Los celos, la envidia, los deseos, son estados que hacen que las personas se vivan con  tensión y que limita la convivencia con su entorno: esposos, hijos, hermanos, amigos etc...

Celos entre amantes, celos entre hermanos, celos entre amigos. Este estado que mucha gente se empeña en justificar, y en muchas ocasiones en fomentar, no nace con la persona como tampoco la envidia, dos estados muy similares uno del otro.

Las semillas de estas tensiones psicológicas, que tantos problemas pueden crear, surgen de los deseos, puesto que vivimos en una sociedad donde las personas tienen acceso a más y más cosas materiales; el resultado de esa abundancia sin embargo, no ha sido hacernos completamente felices.

Nos empeñamos en exigir a los demás que nos quieran, y preferentemente a nosotros solos, sin darnos cuenta de que nuestro desarrollo, nuestro crecimiento, tiene su mayor virtud en el amor que damos y compartimos. Es ahí donde reside la felicidad más duradera.

Desear no es malo. El deseo en el ser humano nace de la intuición de totalidad, el deseo es lo que nos guía por la vida; es el uso que se hace del deseo lo que vuelve loca a la gente. ¿Porqué desear lo que es de otro? Ese deseo puede ser solamente de cosas materiales o ser más amplio y abarcar posiciones sociales culturales, políticas etc..., somos humanos al fin y al cabo, y nuestra naturaleza nos hace ansiar siempre algo más.

Cuando nacemos vivimos nuestra capacidad de ver, sentir y actuar directamente, sin condicionantes; con nuestros sentidos vamos aprendiendo.

Cuando empieza la educación en el niño empiezan a llegarle mensajes de modelos sociales; al niño no se le educa como ser, sino como modelo de ser. Basándose en comparaciones, consignas de placer y dolor, él acepta ese modelo social: “tengo que ser más fuerte”, “no soy suficientemente listo”, “debo ser más cariñoso”, etc...

El niño empieza a separarse de su fondo de vida natural y espontáneo, empieza a funcionar como la sociedad le pide que funcione, el niño se crea una idea falsa de él y ahí es donde empieza toda la programación psicológica que después condiciona y limita su vida.

Nuestro deseo más importante debería ser llegar a descubrir qué es lo que nos hace tener esa tensión de celos y envidia que limita nuestra relación y normal convivencia. ¿Porqué en mí hay esa noción de plenitud y no la vivo? Nadie que viva un gozo, una felicidad constante, sentiría envidia material o social, y finalmente la cuestión sería descubrir quién soy yo esencialmente.

 Dolores Fernández