EL AMOR Y LA RELACION DE PAREJA
 

Para la gran mayoría de nosotros y la sociedad en general el camino  normal del amor consiste, simplemente, en hallar un compañero o compañera  adecuados, casarse y criar hijos.

En la actualidad, la gente vive en un mundo de dudas con respecto a sus relaciones sentimentales. ¿He encontrado al compañero adecuado? ¿Soy fiel a mí mismo?.

Pues bien, al margen de lo buena o mala que parezca tu relación, la persona con la que estás en este momento es la adecuada porque es un espejo de cómo eres por dentro. Cuando peleas con tu compañero estás peleando contigo mismo. Cada enfrentamiento con tu compañero es una excusa para no afrontar algún problema interior. O sea, cometemos un error monumental si creemos que alguien de fuera nos va a dar o a quitar algo que aún no tenemos.

Cuando encuentras realmente el Amor te encuentras a ti mismo, y a medida que creces interiormente, cambias las emociones falsas y superficiales por sentimientos profundos y verdaderos.

Mantener una relación requiere paciencia, devoción y persistencia. El idilio es el recreo mientras que la relación es estar en clase. El matrimonio es una relación difícil en la que  suele menguar la pasión, trae conflictos, desencanto y dolor. Si acaba mal,  puede causar traición y una desconfianza total. Todo esto es asunto del ego.

La única diferencia real entre idilio y relación, espiritualmente hablando, se encuentra en la entrega. Cuando dos personas se enamoran, la entrega se produce naturalmente.

El matrimonio no actúa sobre esa base. Cuando las relaciones íntimas se mantienen un período de tiempo, la máscara de la fantasía se desprende y el ego regresa con creces insistiendo en mis necesidades. Por lo tanto, la entrega ha de ser el objetivo principal y consciente.

Cuando hombre y mujer están profundamente comprometidos en el Amor, cada uno ve a Dios en el otro.

En las relaciones de hoy la entrega es una posibilidad remota. La mayoría de los matrimonios tienen grandes dificultades incluso para establecer una confianza básica.

Los primeros años de casados se dedican a resolver diferencias de ideas, gustos, maneras de hacer las cosas; “¡Yo quiero ir al cine y tú  a pasear!” etc... En todo este tiempo de disputas se hace muy difícil la entrega hacia la otra persona.

El matrimonio basado en las diferencias jamás llevará a la entrega espiritual, y cada vez que pronunciamos aseveraciones como las siguientes, apartamos de nosotros al ser que amamos:

  ·  ¡No me importa lo que piensas! ¡No me importa lo que deseas!

·   ¡Lo voy a hacer de este modo! ¡Tú puedes hacerlo a tu manera!

·   ¡Si haces eso... Yo, haré esto otro!

  Estas frases son expresiones habituales del ego. Cuando dos personas se aman, uno debería ser el maestro espiritual del otro. Porque... ¿Quién os conoce mejor que vuestra pareja?.

Cuando experimentéis una  reacción de crítica, rechazo o resistencia, en vez de ver al otro como adversario, imaginad que está totalmente de vuestro lado. La resistencia es como una pared que no deja fluir el Amor.

 

María Amores Muñoz