EL DESEO
 

 El deseo es el impulso que nos hace vivir  determinadas circunstancias, y que en cada persona pueden aparecer éstas como distintas, y a veces muy singulares. En realidad lo que se pretende por medio de esas situaciones es experimentar  plenitudes que se componen de tres aspectos: A) sentir–gozo, B) poder o capacidad de hacer y C) reconocimiento y sensación de  importancia, por ser yo muy valioso. Lo que puedo sentir, lo que puedo hacer, y lo que puedo llegar a ser, son en definitiva las propuestas deseadas. Con ello, se pretende   llegar a la máxima  plenitud posible en cada aspecto, y esa plenitud se busca a través de las circunstancias que se idealizan: lo que me gustaría tener, hacer o ser, para sentir  mayor grado de plenitud.

 Todo deseo, todo ideal a ser experimentado, toda esperanza de plenitud y toda ilusión de felicidad por vivir, no son más que demandas externas de posibilidades potenciales internas ya nuestras, pero no experimentadas por nuestro nivel de consciencia actual. Por ser algo nuestro, podemos desearlo y presentirlo. Nuestra intuición, en forma de deseo, de anhelo, conecta con ello y de ahí surge la demanda de plenitud. Si esta plenitud potencial no estuviera en nosotros, no surgiría el deseo, ya que ese deseo se produce por intuir una plenitud que ya existe en su nivel.

 Al vivir en lo psicológico, con complejos de inferioridad que proyectan vanidad, orgullo o prepotencia, debido a las creencias, angustias y bloqueos subconscientes, la persona vive como doblemente frustrada a esa plenitud que percibe, que intuye, por un lado en buscar en el exterior lo que ya tiene en el interior, y por otro lado el creerse insuficiente o muy deficiente.

 Todo deseo habla de lo que no estoy viviendo o de la idea que tengo de mí, lo que pasa es que a veces cuesta ver bien mi ideal por toda la moral o modelo aceptado.

 Es muy importante en la psicoterapia unitiva descubrir que toda plenitud surge de mí, está en mi, que puedo ir directamente a ella y que puedo vivir desde esa plenitud dándole expresión en mi vida diaria.

 Muchas veces oímos decir que un poco de ambición es buena, ambición que se comenta socialmente como ambición sana.

 La persona, parece experimentar una demanda o inquietud de querer ser más feliz, de poder hacer más, y de saber más. Esta inquietud se proyecta hacia el exterior, en querer tener una mayor salud, poder, dinero, conocimientos, amor, y admiración de los demás. En esta demanda de mejorar, y de vivir un bien mayor, el ser humano lo vive con una gran intensidad, por medio de sus sentidos en el mundo de las experiencias y demandas exteriores.

 La ambición, en el ser humano crece en la medida en que cree que adquiere más plenitud dependiendo de las circunstancias exteriores; esta ambición se convierte en una carrera sin fin; aún en esos aparentes buenos sentimientos y quehaceres hacia todos, está dominando la necesidad del exterior para conseguir esa plenitud esperada, y la plenitud aunque aparentemente parece venir del exterior, está y surge del fondo íntimo y esencial del vivir.

 Detrás de todo deseo está la plenitud esperada, y a esa plenitud le damos paso en la medida en que se cumple ese deseo, y solemos estar ciegos y no ver, podríamos ir directamente a esa plenitud, sin necesidad del deseo, o de que se cumpla el deseo.

 He de descubrir que la plenitud está en mi, y surge en mi, no de las circunstancias exteriores existenciales.

 La existencia inevitablemente comporta una relación de convivir, coexistir, de armonizar y de mejorar. La persona desde su nivel de desarrollo debe de hacer lo que buenamente sepa y pueda para lograr eso, que en definitiva es actualizar lo que surge y tenemos en un nivel más íntimo. Trasladar lo que viene de nuestro fondo íntimo hacia la relación con el exterior.

 El trabajo de la autorrealización consiste en deshipnotizarse y colocarse donde la plenitud ya es, dejar de creer que esa demanda de plenitud depende del exterior; el exterior es una recreación de mi potencial íntimo o interno, y en la medida que me centro en mí, como noción de máxima intimidad y presencia, puedo vivir toda plenitud. Despertar a esa verdad colocándose en ese centro íntimo, es vivir desde la fuente, es vivir la plenitud en su forma original, de dentro a fuera, para llegar a descubrir y sentir esa unidad dentro-fuera.

 La unidad dentro-fuera es redescubrir que cada cosa vista desde su nivel es perfecta, que la imperfección no existe, es aparente, solo existe la consecuente relación entre los diferentes niveles dentro–fuera.

 Jordi Barqué i Senar