LA ESPONTANEIDAD CONDICIONADA
 

¿Qué es? Y ¿Qué no es la espontaneidad? Asociamos la espontaneidad a algo directo, natural, que surge directamente de una verdad, de un ver o de un sentir. Que en lo que se expresa no hay falsedad, es tal cual.

Toda elaboración, exaltación o represión condicionada, que no expresa, o expresa desvirtuadamente una verdad genuina, no es espontaneidad. Por consecuencia, la palabra espontaneidad está relacionada con la sinceridad. ¿La persona puede ser espontánea o sincera, viviendo una falsedad? Si la persona vive en su fondo mental una idea falsa de sí misma, como por ejemplo: un complejo de inferioridad en el aspecto que se, expresará en relación con ese complejo, una aparente espontaneidad. Esta espontaneidad viene de una falsedad que se vive como verdad.

 El ser humano se vive en lucha consigo mismo y con todo lo que le rodea. Por un lado están las demanda de ser admirado, valorado o querido, por las cuales se limita careciendo así de una felicidad, tranquilidad y plenitud que desea. Por otro lado está la respuesta a todas esas demandas. Dicha respuesta está condicionada por la sociedad, por el entorno en que uno vive, por todas las obligaciones que el vivir diario nos depara a cada uno de nosotros.

 Todas esas reacciones y expresiones pueden parecer espontáneas y de hecho lo son en relación con la demanda que se tiene. Necesito unas satisfacciones, tengo unos deseos y espero que esto me lo proporcione el exterior; pero el exterior a veces las satisface y otras no. Por eso el exterior muchas veces me condiciona y limita.

 ¿Podemos hablar de una espontaneidad que no parte de una falsedad, de un orgullo, vanidad o prepotencia? Por un lado, buscamos independencia y respeto a la personalidad, y por otro necesitamos desesperadamente que la sociedad nos comprenda, acepte y admire.

 Si miramos la expresión de un niño pequeño vemos que él por una parte se expresa en relación a sus necesidades básicas, y por otra parte es una expresión creativa de juego, viviendo cada circunstancia con gran intensidad y novedad en una relación de descubrimiento y acción. Todo esto nos hace ver que la espontaneidad más auténtica parece encontrarse en vivir con plenitud; el aquí y el ahora de manera intensa.

 Sería interesante que nos observáramos con sinceridad. Entonces, descubriríamos cómo en la mayor parte de las cosas que hacemos funcionamos como si fuéramos máquinas. No nos damos cuenta y nos identificamos con esa máquina, pero en realidad somos y actuamos aparte de nuestro discernimiento y voluntad.

 La espontaneidad, que en el fondo desea toda persona, que podemos decir que es la auténtica y real, es la espontaneidad que surge de la mente libre de condicionantes, de la mente sabia de la realidad de Ser. En definitiva, de la mente que desprende paz, confianza y creatividad en cada instante de la vida.

 María Amores