| LA PACIENCIA | |
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La Paciencia es una capacidad que muestra comprensión hacia todo... O sea, a medida que vallamos desarrollando nuestro ver o nuestra capacidad de darnos cuenta, en esa medida, tendremos más paciencia y comprensión hacia nuestro "personaje" y el de los demás. Si algo no me gusta y me enfado, he de darme cuenta que ese que se enfada, en esencia, no soy yo. He de descubrir el porqué del enfado y seguramente descubriré que proviene de una idea falsa de mí, ya que el mí, es la esencia de vida compuesta por la misma paciencia o comprensión–consciencia, sentimiento y energía.
La
paciencia pretende conseguir tener más comprensión con mis ataques de
histeria, depresiones, celos, identificaciones etc..., para descubrir la
estructura psicológica de mi personaje. En la medida en que vaya teniendo
paciencia con todo esto, iré adquiriendo más capacidad de visión de todo lo
que me condiciona. De esta manera iré desarrollando mi comprensión y amor
hacia los demás y principalmente hacia mí mismo.
Todo
malestar viene de lo que vivo consciente y subconscientemente y no lo
acepto; no acepto que yo falle, que pueda ser vanidoso u orgulloso, porque
lo que a mí me gustaría es ser todo lo contrario, que en verdad es lo que
soy pero no lo vivo.
La gran tragedia de la persona humana en general,
consiste en que desconoce su verdadera realidad. Al no conocer y no vivir lo
que se es, se inventa, piensa e imagina, quedando atados a la idea que
tenemos de nosotros mismos. Toda nuestra vida queda dependiente de las ideas, todos nuestros actos nuestras actitudes dan vueltas alrededor de las ideas cambiantes, por eso nuestra vida es tan contradictoria, tan confusa y con falta de comprensión o paciencia. A la mínima ocasión en que nos sentimos atacados en la idea que tenemos de nosotros mismos, saltamos como fieras o nos marginamos, viviéndonos en una neurosis reactiva o depresiva. Como ejemplo explicativo expongo el siguiente relato: Había un maestro espiritual que tenía numerosos discípulos. Uno de ellos fue sorprendido repetidas veces robando. Los demás discípulos cansados de su compañero fueron al maestro y le pidieron que lo expulsaran. El maestro les replicó: Vosotros sois buenas personas y podéis ser aceptados en cualquier otra parte, sois también personas instruidas y ya no necesitáis de mis enseñanzas. Pero este hermano vuestro, con este grave defecto ¿Adónde va a ir solo? Nadie lo aceptará. Él necesita de mi ayuda, por tanto todos los que no podáis convivir con él podéis marcharos. Yo me quedaré con él.
Las personas
realizadas no ponen condiciones para comprender y aceptar a los demás. Uno
de los termómetros que mide el grado de desarrollo de las personas es la
capacidad de paciencia o comprensión. María Amores Muñoz
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