LA SINCERIDAD
 

En nuestra vida cotidiana, realizamos de  manera constante un sinfín de actividades, la mayoría de ellas de forma mecánica, sin damos cuenta en profundidad de cada uno de los cometidos. Es como si nuestra existencia estuviese dirigida para vivir una serie de acontecimientos más o menos agradables, encubiertos en gran medida por una niebla que no nos deja ser conscientes de lo que hacemos y, en primera instancia, de lo que “somos”.

Parece como si la finalidad de nuestra existencia fuese solamente la de comer, trabajar, relacionamos más o menos con las personas, buscar y hacer proyectos, adquirir cosas, etc..., como ciclos constantes e ininterrumpidos. Esto está motivado por la hipnosis en la cual vivimos,  estando tan ensimismados en estas tareas, que muchas veces el problema que padecemos y que en el mejor de los casos aunque seamos conscientes,  no conocemos las herramientas necesarias para salir de ese círculo vicioso. El primer paso para empezar a romper cadenas es la observación, darnos cuenta de dónde estamos metidos; mirar nuestra vida, nuestras reacciones ante situaciones, nuestras relaciones con los demás. Es el auto estudio prestando atención a nuestra propia persona. Esta observación ha de ser sincera y objetiva, haciéndose realmente  válida y eficaz. No debemos engañarnos y no disfrazar los hechos, sino simplemente estar abiertos, atentos, me gusten más o me gusten menos mis actos o comportamientos. Ser veraz en nuestras situaciones o actitudes, nos dará un grado de visión más profundo de nuestros problemas ¿Cómo queremos avanzar si no somos francos con nosotros mismos? Esto sería seguir estando encadenados a la marcha constante de lo que creemos que es la “vida”, que en realidad solo es una ínfima parte de  la “realidad”.  Si esto no lo vemos es por que hay muchos velos que no nos dejan llevar nuestra mirada más lejos.

La sinceridad, como dijo Antonio Blay, es: “El testimonio de nuestro origen”. Es poder expresar al exterior eso que somos en nuestro interior.

Para que pueda haber una normalización humana a nivel psicológico, la primera máxima, es la sinceridad.  Puede ser que esa consciencia transparente, no sea todo lo veraz posible, y en principio es lógico, ya que tenemos muchos pozos oscuros sin resolver en nuestro subconsciente, pero a fuerza de profundizar y ahondar más, iremos descubriendo esa pureza, esa esencia, en definitiva “la verdad”, y por consiguiente lo que somos en realidad. Haciendo que esto transforme y desarrolle nuestras vidas, que despierte esa plenitud que hasta ahora a estado en gran medida aletargada. Es volver a estar impregnados del aroma de la veracidad, después de haber permanecido algún tiempo sumido en un sueño y sin capacidad de oler.

Joan F. Ogalla