REFLEXION SOBRE EL AMOR
 

Desde mi visión de ahora, recuerdo como buscaba lo que yo creía que  era el verdadero amor, aferrándome a situaciones y a personas, siempre con una gran demanda de amor (bien es verdad que entonces era como yo lo sentía y vivía, como si fuese lo único que anhelaba).

La felicidad para mí era tener a alguien siempre a mi lado, con una gran necesidad de que me quisieran, de que me comprendieran. Esto era en lo que yo tenía más demanda y me llevó a vivir la gran búsqueda del amor ideal, desde la infancia hasta ahora.

Al desconectar del fondo, en la niñez, empecé a tener necesidad de buscar el amor en el exterior: padres, hermanos, etc., siempre buscando ideales, encontrando celos, miedos, y aún viviendo alguna experiencia agradable ésta desembocaba en desilusión.

Una de las experiencias que me han ayudado a tener más capacidad de comprensión fue el darme cuenta del error en que me vivía en la relación con mis hijos y mi pareja. Vivía un amor basado en protegerlos y arroparlos, una protección que yo nunca había vivido y que deseaba; seguramente les asfixié sin ser consciente de ello, pensando que era una persona de una gran capacidad para amar, hasta que viví el mayor dolor, sufrimiento y desengaño, al darme cuenta de la independencia que ellos clamaban. Descubrí que eso que yo consideraba un verdadero amor, era un ideal que había proyectado por la problemática psicológica que tenía.

Ahora, en estos momentos, experimento una actitud de poder dar sin esperar recibir tanto como antes, también experimento el gusto de estar en soledad, vivir la felicidad de forma diferente; ya no tengo tanto la necesidad de esforzarme en agradar al otro. Nunca había vivenciado tanto el dar disfrutando desde mi interior, teniendo experiencias que nunca pensé en poder vivir con personas, que por mi estructura de vanidosa y orgullosa no aceptaba. Ahora empiezo a comprender y aceptar un poco más al ver el funcionamiento de la mente. Esto me hace vivir un estado de más unión con todos. Eso sí, estando alerta al juego de la mente.

El amor está dentro de nosotros. Este amor siempre surge de dentro y se expande hacia fuera. Podemos vivirlo con los hijos, pareja, padres, hermanos, amigos, etc., pero normalmente no vivimos el verdadero amor. Estamos mendigando un amor condicionado como consecuencia de todas esas estructuras de ideas equivocadas, de morales etc. Creo ver, que para instalarnos en el amor que somos, pero que no vivimos, deberíamos tener una gran comprensión de nosotros mismos. Comprender y diluir, poco a poco, todos esos obstáculos que no nos dejan vivir el amor real y libre. Todas esas incomprensiones que hay en nosotros hacen que tengamos demandas por las cuales nos proyectamos en personas, sintiéndonos defraudados al ver que no corresponden a nuestras pretensiones; eso lo vemos en el día a día.

Si nos viviéramos en el amor real que somos, no habría ninguna experiencia de desengaño. Pero por esta desconexión, buscamos en el exterior queriendo vivirlo siempre igual; esto, como se hace desde el pensamiento, no nos damos cuenta que este pretendido amor es limitado, lo llenamos de proyecciones imaginarias, con ideas fantásticas y entonces llega el desengaño. Mientras busquemos el amor afuera, proyectándonos en los demás, nunca sabremos lo que es el verdadero amor. Cuando nos situamos en nuestro fondo, tomando noción de la presencia que somos, desde ese eje que somos, vamos tomando consciencia de todas las estructuras mentales que nos condicionan y, poco a poco, las vamos diluyendo, aceptando y comprendiéndolas, volviendo una y otra vez a situarnos en la esencia de lo que somos. Con paciencia y constancia llegaremos a vivir este amor verdadero que somos, y que todos en algún momento hemos vivenciado. Simplemente es darse cuenta y situarse en lo más íntimo de “Ser”.

Rosette Fusté